La primera huelga legal en la historia del Liceo Teniente Dagoberto Godoy llegó a su fin luego de que el Sindicato de Trabajadores del establecimiento debiera deponer la movilización. El conflicto se cerró sin que la Fundación Red Crecemos, a cargo de este liceo de Lo Prado, cediera en el punto crucial de la negociación: el rechazo a otorgar un reajuste de $6.000 pesos mensuales a los funcionarios.
El sindicato —que agrupa a profesores y a todos los funcionarios de la educación, incluyendo auxiliares de aseo, secretarias, psicólogos y otros profesionales y técnicos— buscó visibilizar las precarias condiciones laborales y la falta de voluntad del administrador para llegar a un acuerdo.
Voceros de la movilización explicaron que la negativa del empleador se mantuvo hasta el final, a pesar de la voluntad y flexibilidad propuesta por los funcionarios para destrabar el paro y evitar dejar sin clases a 1.300 estudiantes de la comuna. «La propuesta final para poner término al paro y retomar las clases fue una suma simbólica que consistía en $3.000 pesos en una cláusula de colación. Renunciamos al concepto de reajuste inicial y pedimos $6.000 pesos para cerrar este conflicto. Sin embargo, la Fundación nos dijo que no,» señalaron desde el sindicato.
A pesar del resultado, la movilización logró exponer las difíciles condiciones del trabajo docente en este liceo como una realidad que se repite en otros espacios educativos del país, especialmente en comunas vulnerables. Sin embargo, un factor clave de este paro, señalaron, fue el apoyo transversal de la comunidad. Contrario a la creencia común de que los padres rechazan las movilizaciones de este tipo, el Centro de Padres y Apoderados del liceo entregó su apoyo explícito a los movilizados a través de videos y asistiendo a las acciones de la huelga.
Al final de este proceso, el sindicato del Liceo Teniente Dagoberto Godoy logró levantar un punto de debate sobre las precariedades estructurales de un sistema educativo que pierde relativas oportunidades de dignificar el trabajo docente en un contexto donde las falencias pasan por la alta cantidad de estudiantes por sala, condiciones de trabajo que exigen a los profesores dedicar tiempo de sus fines de semana a horas lectivas para dar abasto y costear sus propios implementos o impresiones. Por otro lado, los apoyos profesionales en materia de salud mental y acompañamiento de trabajadores sociales también son insuficientes para abarcar la gran cantidad de alumnos con diversas problemáticas.
La reflexión final de esta movilización, es para sus protagonistas, una experiencia optimista desde la perspectiva del apoyo que se obtuvo de parte de los padres y apoderados y también ante la evidencia de que la fuerza de los docentes y trabajadores radica en la movilización y la unión, un principio que el sindicato del Liceo Dagoberto Godoy demostró al realizar en comunidad la primera huelga de su historia, a pesar del adverso resultado.



