Por Carlos Pontigo
Presidente Nacional de la Asociación de Técnicos Jurídicos de Chile
Nunca he creído en esas transmisiones nacionales maratónicas que prometen mucho y terminan cumpliendo poco. Al presidente José Antonio Kast se le acabó el tiempo de acomodarse en La Moneda; hoy, lo que los chilenos exigen es que se deje de hacer campaña. Esa etapa terminó, y alguien en el segundo piso debería avisárselo con total respeto. Como representante del mundo de las pymes, espero anuncios que se traduzcan en realidades inmediatas, con metas claras en los cuatro pilares que el país necesita abordar con urgencia: seguridad, salud, trabajo y crecimiento. La ciudadanía lo exige a gritos, y los analistas económicos junto a los medios de comunicación lo ratifican al analizar las encuestas de aprobación. Esperamos que la agenda se revierta por el bien de cada ciudadano.
Un discurso presidencial no debería durar más de 50 minutos; extenderse más allá es, sencillamente, una pérdida de tiempo. Lo digo con conocimiento de causa. Hemos visto y escuchado a casi todos los ministros y secretarios de Estado sobreexhibidos en puntos de prensa, radios, televisión, podcasts y redes sociales. Entregan un volumen brutal de información, pero ninguno es capaz de dar certezas sobre el rumbo del país. Antes bastaba con una cuña precisa para los medios; hoy, todos los secretarios de Estado hablan en un despliegue comunicacional excesivo, pero ninguno arrojó luces claras sobre lo que el presidente Kast anunciaría este 1 de junio en su cuenta pública.
Un ejemplo de esta desconexión es la Dra. May Chomalí, actual ministra de Salud, quien lidera el ranking de aprobación con un 62%. Esto es positivo en el papel, pero en los hechos la realidad es otra: la ciudadanía demanda gestión y empatía real con los miles de chilenos que esperan por atención médica. El liderazgo debe ejercerse desde la calle y no a través de las pantallas. Esta sobreexposición mediática a menudo abre la puerta a un juego político poco democrático y entorpecedor, cuyo único fin es hacerse notar. Lo vimos cuando la primera dama realizó el gesto legítimo de servir el almuerzo al personal de La Moneda y un diputado acudió a la Contraloría General de la República para fiscalizar si los guantes debían ser azules o negros. El organismo fiscalizador declaró inadmisible la presentación, dejando en claro que no están para perder el tiempo en minucias políticas.
Lo grave y preocupante de las estadísticas gubernamentales es que el ciudadano de a pie no las siente en su vida cotidiana. En Chile ya no existe un día sin un fallecido por causas violentas, promediando entre dos y tres víctimas diarias a nivel nacional. Mi opinión en esta materia es directa: se requiere una inteligencia policial especializada que responda de manera directa y exclusiva al presidente Kast, tal como operan otros Estados. La filtración y la corrupción actual son brutales. Que las policías incauten mil kilos de cocaína, cien armas y 800 kilos de marihuana solo nos demuestra que, por otros flancos, está pasando mucha más droga. Con un grupo especializado y enfocado en resultados concretos, quedarán al descubierto los funcionarios corruptos, ya sea por acción o por omisión. Las contradicciones son evidentes: mientras algunos sectores simulan realidades perfectas en televisión, las bases estructurales del país se desmoronan como hormigón mezclado con arena.
Si me equivoco en este diagnóstico, bien por Chile y esta columna quedará en el archivo. Pero de mantener el rumbo actual, la caída de este gobierno será tan rápida y continua como la del expresidente Gabriel Boric: mucho discurso y pocas nueces. El actual Ejecutivo no puede convertirse en una administración que dañe al país; por el contrario, debe administrar de buena fe los impuestos de la gente que más lo necesita. Presidente Kast, no olvide que los recursos del Estado provienen del bolsillo de cada familia y de toda la ciudadanía de Chile. Por ello, le pido que su intervención sea corta, real y sincera, proyectando fechas y resultados medibles. Es vital que trace una pauta clara para todo su gabinete que combine el despliegue en terreno con gestiones efectivas de gobernabilidad para el país.



