Recién constituída, la Asociación Gremial de Psicólogos y Psicólogas Educacionales de Chile (AGPECH), nace como respuesta a una doble urgencia: el agravamiento de la salud mental en la población infanto-adolescente y la precarización histórica de su labor profesional. Según la directiva de AGPECH, la situación en el sistema educativo chileno es crítica. “A nuestro parecer, las cifras son claras en cuanto a la salud mental en el ámbito escolar. Desde el periodo de pandemia se estima que un 60% de la población infanto-adolescente en el país, se encuentra afectado por diagnósticos como depresión y ansiedad,” señala Juan Ardiles, Presidente de la asociación. Este panorama, que convierte a los espacios educativos en el principal punto de intervención para estas problemáticas, choca con la falta de apoyo estatal y un encuadre profesional claro.
«Esto no siempre viene de la mano en que la política pública abarque el rol profesional de cada área. En nuestro caso, los psicólogos, esto ha ido en un aumento progresivo, en el cual cada vez hay mayor carga laboral, pero sin un encuadre que otorgue mayores garantías laborales o un aumento en nuestros sueldos», agrega. Frente a esta realidad, la organización gremial se vuelve un mecanismo de la democracia «para poder actuar, intencionar, apoyar, construir y visibilizar» su rol, buscando generar un impacto positivo tanto en su trabajo como en los servicios que ofrecen a la ciudadanía, plantea Ardiles.
La necesidad de organización no solo obedece a las cifras de la crisis, sino al trato que reciben estos profesionales dentro de las instituciones educativas. El diagnóstico recogido por AGPECH a través del intercambio de experiencias de colegas a lo largo del país es categórico: La principal constante es la falta de una función clara y delimitada dentro de los establecimientos. A esto se suma la carencia de infraestructura adecuada y materiales básicos de trabajo. “La falta de claridad para los empleadores, respecto al rol del psicólogo en los establecimientos (sea en Programa de Integración Escolar o Convivencia Escolar) es una constante,” explica la directiva. “Pareciera que cumplimos cualquier rol si así lo dispone un directivo u otro profesional que se torne intrusivo respecto a las labores, lo que deja al psicólogo en un limbo donde su rango de acción es general según la conveniencia de las necesidades de cada establecimiento educacional.”
Para el gremio, la formalización de AGPECH tiene objetivos muy concretos. Las primeras urgencias que pretenden abordar de manera colectiva, incluyen: la claridad y dignificación de funciones para evitar la intrusión y la asignación arbitraria de labores; la lucha por condiciones laborales justas, buscando estabilidad, tiempo para planificación y el reconocimiento profesional y salarial que corresponde a su capacidad de intervención; y la incidencia política para impulsar la participación de la psicología en la formulación de políticas públicas que impacten directamente en el bienestar socioemocional y la convivencia escolar.
Ardiles enfatizó que esta lucha no es solitaria y por ello la asociación se articula con la clase trabajadora del sector, incluyendo sindicatos, gremios docentes y asociaciones de asistentes de la educación, buscando “plataformas comunes” para avanzar en derechos históricamente postergados. Finalmente, AGPECH hizo un llamado a la acción, destacando la importancia cívica de la formalización gremial. “La importancia de generar y vincular estas organizaciones, es un deber no solo a nivel profesional en relación a dignificar y potenciar nuestro rol… sino que a la vez es necesario para poder construir una sociedad más democrática, participativa y deliberante,” concluyeron, invitando no solo a sus propios colegas a sumarse, sino también recomendando a otros profesionales que se vinculan con el trabajo directo con ellos a formalizar sus gremios.



