El Sindicato N°2 del Colegio Bicentenario San Damián de Molokai de la comuna de Cerro Navia, conformado por 71 profesionales de la educación que atienden a más de 1.100 estudiantes en el contexto de la Red de Colegios Belén Educa, lleva adelante un proceso de movilización y huelga legal tras no alcanzar acuerdo en la negociación colectiva con el sostenedor de cerca de 12 colegios a lo largo de todo el país.
Representantes del sindicato plantean que no han obtenido respuestas concretas sobre demandas legítimas que buscan mejorar condiciones laborales y salariales, asegurar espacios de bienestar docente y reconocer el valor profesional de quienes sostienen la misión educativa del colegio.
“Esta movilización no es solo una respuesta a una oferta insuficiente, sino también una defensa de la dignidad laboral, del respeto por el trabajo docente y asistente, y del derecho de nuestros estudiantes a una educación de calidad garantizada por equipos reconocidos y valorados. Nuestro compromiso sigue siendo con la educación, con los estudiantes y con los valores que la red Belén Educa promueve. Pero también creemos que no puede haber proyecto educativo justo sin justicia laboral”, expresó el Sindicato a través de un comunicado.
El Estado del Sindicalismo Docente en Chile
Al respecto, Fabián Alarcón, representante de la organización gremial señaló que “este año la negociación comenzó mal, puesto que como política financiera institucional se mostraron decididos a recortar los beneficios económicos de los contratos colectivos. En este marco algunos de los beneficios económicos que significaban la mayor valorización de nuestro contrato colectivo fueron eliminados, reformados perdiendo su reajustabilidad. Como sindicato pensamos que la pérdida de estos beneficios significa un retroceso en las condiciones históricas que hemos tenido como trabajadores. Hoy por hoy, esta lucha se convirtió no solo en una negociación por condiciones laborales y económicas, sino en una lucha por el reconocimiento de la dignidad de los trabajadores». «Somos un sindicato pequeño, de una comunidad humilde que no teme enfrentarse a un gigante educativo», agrega.
Alarcón es profesor de Historia y, desde esa perspectiva, analiza también la fortaleza del trabajo sindical local en la actualidad. “Desde mi perspectiva como trabajador y sindicalista, creo que el trabajo sindical debe fortalecer la lucha desde el punto de vista ideológico como gremio. Es necesario centrar la discusión sobre las condiciones educativas y laborales no sólo desde la mirada económica, sino aplicarla a una participación crítica y constructiva de nuestro sistema educativo”, estima.
Identifica también las dificultades estructurales del trabajo docente que son ignoradas por un sistema que exige a los profesores una labor fundamental, pero precarizada en muchos sentidos. “Debemos reconstruir un tejido social y gremial que apunte a ser constructor activo de nuestro sistema social y educativo. La educación no se remite solo a la ejecución de programas formativos, requiere la reflexión y participación de quienes constituyen la primera línea educativa. Repensar el sistema educativo con los docentes a la cabeza”, añade el profesor.
Existen muchas debilidades estructurales en ese entendido. La más notoria para Alarcón es la que entiende el problema de la «vocación docente» solo desde un plano económico y proyecta un modelo de carrera docente que transa dinero por explotación: “Se dan además, condiciones estructurales del sistema poco adecuadas tales como una excesiva cantidad de estudiantes por cada sala, altos niveles de violencia y poca protección para los y las docentes. El gran error es entender la educación desde una mirada de gobierno, la escuela como institución debe estar entendida desde una mirada de Estado que permita apuntar a una herramienta de transformación y liberación social, no al status quo y la reproducción social”.
Reflexiona finalmente que si bien las comunidades educativas apoyan las luchas docentes porque entienden el rol que los profesores y profesoras juegan en la sociedad, esto se vé limitado por la estructura de la escuela como institución. “La escuela debe dejar de ser vista como la única responsable de cambiar la sociedad y esto se logrará en la medida que avancen otros procesos sociales y culturales que permitan principalmente a los sectores trabajadores liberarse de las estructuras y cadenas de desigualdad que existen al día de hoy en Chile”, concluye.



