En este momento estás viendo «Yo tengo un amigo que…»: Riesgos para un buen gobierno corporativo

Chile tiene muchos directorios diversos. Hay hombres y mujeres. Abogados e ingenieros. Empresarios, académicos y exautoridades. El problema es que muchos se conocen entre ellos. Estudiaron juntos. Trabajaron juntos. Sus hijos fueron al mismo colegio. Coinciden en otros directorios. Comparten asociaciones gremiales, universidades, fundaciones, estudios profesionales o círculos sociales. Después los volvemos a sentar juntos y celebramos la diversidad. Algo no cuadra.

Durante mi experiencia en directorios de instituciones públicas y privadas he aprendido que uno de los mayores riesgos para un buen gobierno corporativo no necesariamente aparece escrito en un balance. Es la excesiva cercanía. Esa cercanía produce una frase extraordinariamente chilena: “Yo tengo un amigo que…”. Un amigo que puede proveernos el servicio. Un amigo que conoce a la autoridad. Un amigo que sería un excelente gerente. Un amigo que podría integrar este directorio. Un amigo que puede destrabar ese problema.

El amigo del amigo termina siendo parte de un ecosistema donde resulta cada vez más difícil saber dónde termina una legítima red profesional y dónde empiezan el amiguismo, el conflicto de interés o el ejercicio impropio de influencia.

No sostengo que cada recomendación sea corrupción ni que toda relación previa sea un conflicto de interés. Sería absurdo. El problema aparece cuando la excepción se convierte en cultura. Cuando preguntar por un vínculo genera incomodidad. Cuando inhabilitarse parece exagerado. Cuando cuestionar una recomendación se interpreta como desconfianza personal. Cuando determinadas personas siempre aparecen en las listas cortas porque son “conocidas”. Tenemos entonces directorios independientes en el papel y dependientes de sus redes en la práctica.

Chile ha colocado con razón una enorme atención sobre la incorporación de mujeres a los directorios. Ese proceso debe continuar. Pero cometemos un error si pensamos que el género, por sí mismo, rompe estas redes. El amiguismo no tiene sexo. Una mujer proveniente exactamente del mismo circuito social, académico y profesional que los hombres a quienes reemplaza puede aumentar la diversidad de género sin modificar un centímetro la estructura de relaciones de poder existente.

La verdadera diversidad es más incómoda. Significa sentar alrededor de la mesa a personas de distintas regiones, universidades y profesiones. Personas que hayan trabajado en el Estado, empresas, sindicatos, emprendimientos y organizaciones sociales. Personas provenientes de distintos contextos socioeconómicos. Personas que no hayan aprendido todas las mismas reglas no escritas. Porque las mejores preguntas suelen venir de quienes no saben que determinada pregunta “no se hace”. Por eso creo que Chile debiera avanzar hacia estándares de gobierno corporativo que midan una diversidad multidimensional y no solamente de género. Y debiera hacerlo rápido.

Las matrices de selección de directores deberían transparentar experiencia, formación, trayectorias, independencia y vínculos relevantes. Los conflictos de interés deberían ser tratados como una materia sustantiva y no como un formulario anual. Y los directorios deberían evaluar no sólo cuánto sabe cada integrante, sino también cuánto aporta al desafío intelectual colectivo. Porque un directorio donde todos tienen un amigo en común puede ser muchas cosas. Diverso, probablemente no.

Juan Moreno Gamboa
Director de Empresas y Dirigente Sindical