El estrés financiero provocado por la inestabilidad económica y el costo de vida ha llevado a que la salud mental se transforme en un asunto prioritario para la empresa privada, el estado y los trabajadores. Según el estudio Randstad HR Trends 2026, un 30% de los responsables de Recursos Humanos considera que resguardar el bienestar psicológico de sus colaboradores es uno de los mayores desafíos para el presente año. Este escenario coincide con un contexto laboral complejo, marcado por una tasa de desempleo del 9,6% informada por el INE, el nivel más alto registrado en los últimos cinco años.
La presión económica ha impactado directamente en las rutinas de los trabajadores. De acuerdo con el informe Workmonitor 2026 de Randstad, un 56% de los empleados manifiesta temor respecto a cómo la situación del país podría afectar su estabilidad laboral. Para compensar el alza en el costo de vida, un 41% de las personas ha aceptado o analiza la opción de tomar un segundo empleo, cifra que experimentó un alza considerable desde el 22% reportado en 2024. De igual forma, un 41% de los trabajadores ha aumentado o planea extender sus jornadas laborales en su puesto actual.
Frente a esta realidad, las organizaciones están adaptando sus políticas de fidelización y retención de talento. El balance entre la vida laboral y personal se ha vuelto un factor decisivo para el 67% de los profesionales al momento de permanecer o postular a una empresa. Por ello, las compañías orientan sus inversiones hacia el ámbito preventivo: un 34% enfoca sus recursos en fortalecer la cultura organizacional y formar a sus líderes en la gestión de ambientes saludables, mientras que un 73% coincide en que «ofrecer espacios de trabajo favorables resulta esencial para mantener la competitividad en el mercado empleador.»